SI NO QUIERES TAZA, TAZA Y MEDIA.
Aburridos en el Cabo de Gata, sí. Pero en mangas de camisa.
Cuando íbamos atropelladamente subiendo desde Carboneras y a la altura de Soria, en la radio comarcal ,se anunciaba Veratruf. No sabíamos ni lo que era ni donde, pero se nos quedó grabado.
Bueno se me quedó grabado. Cuando Ana no está desbaratando planes y cambiándolos sobre la marcha, se queda sopa por horas. Más aún en un largo recorrido donde nuestra única preocupación era llegar a tiempo y sin paradas.
Y yo, que soy pésimo copiloto y que cuando conduzco no hablo, la radio es lo único que soporto como ruido de fondo, sin darle mucha atención.
Pero al comentar con Ana lo de la trufa a la vera del Moncayo, en poco tiempo ya sabíamos a donde íbamos a ir los siguientes días.
Entre las borrascas Hipólito e Irene por ahí anduvimos , en las cercanias del Moncayo.
Donde los zaragozanos dicen que no hace frío, sino que se hace el frío.
Pero se nota que Kapu es alemana y con su sistema de calefacción se convierte en una sauna (creo que Ana no piensa exactamente lo mismo…)
Hemos aprendido algo de trufa y de paso he conseguido unos días de visita a Zaragoza capital, que ya llevaba dando la matraca desde antes de la Virgen del Pilar.
Perseverancia.
TARAZONA
Algo conocemos, y os lo hemos contado, de la zona norte de Zaragoza, pero hay muchas otras zonas que solo hemos visitado tangencialmente; como mucho algún pueblo importante.
La zona de Tarazona y el Moncayo tierra ignota.
Tarazona es una ciudad medieval espectacular, a la que solo le falta un presupuesto inimaginable para convertirse en la joya de la corona del Reino de Aragón.

El frontal junto al río se podría equiparar al de Girona. La zona de la Iglesia de Santa María Magdalena, la de la morería, la de la judería y la de San Miguel son preciosas siempre y cuando las hagas de día o muy acompañado al atardecer.
El Palacio Episcopal, majestuoso y el Ayuntamiento, con relieves de postal. Una catedral muy competente. Por ser, es graciosa hasta la plaza de toros octogonal, la vieja. Ya pensada para alquilarla como viviendas. Sentido práctico.
Volveremos. Hagan lo que hagan solo puede mejorar. Y carteles ya se ven de inversiones del Gobierno de Aragón y del otro, de los fondos europeos y del sursuncorda, que falta les hace.
el moncayo
Al pobre monte le echan la culpa de todo el frío de la Zaragoza y la Navarra del secano.
La comarca, incluida Tarazona que es su capital, tiene dieciséis municipios, con escasamente quince mil habitantes. En verano seguro que más, pero ya os hacéis una idea de las dimensiones. Nosotros tomamos como centro Vera de Moncayo, donde se celebraba la séptima edición de la Feria de la Trufa, recién bautizada con el nombre de Veratruf. Dos días de conferencias, degustaciones, estands y uno de los platos fuertes: la subasta de la trufa más grande (hay otras dos modalidades también de subasta, pero la que trae la pasta es el tamaño). No deja de sorprendernos en nuestra ignorancia que por unos pocos gramos se pagaran a 13.000 € el kilo.
Para nosotros, además del picoteo, nos gustó mucho la exhibición de perros truferos. Los había elegantes, pero también ratoneros.
Dos días disfrutando.
Por los alrededores, destacar el Monasterio Cisterciense de Santa María de Veruela, que además de las virtudes del gótico cisterciense, guarda en su interior el Museo del Vino de la denominación del Campo de Borja. Y para los románticos Becquer, el poeta, y su hermano hasta hartarse. Cartas desde mi celda se debió escribir en el propio monasterio.
Entre vinos y aceites de trufa (a la trufa de verdad, la veíamos y olíamos de lejos, por su precio) visitamos los pequeños pueblos de alrededor:
Grisel: Castillo bonito privatizado, área AC razonable pero que te obliga pasar por una calle visualmente estrecha, unos chozos de construcción puntiaguda llamados casillas de pico y el acceso a poca distancia de la sobrecogedora dolina, llamada Pozo de los Aines, con su leyenda incorporada y una vegetación exuberante en medio de un olivar.
Trasmoz: En pueblos tan pequeños hay que buscarse la vida. Estos, por una tonteria de una excomunión «per saécula saeculórum» se han montado una fiesta de la Brujería, magia y plantas medicinales, con reina anual de la bruja más bruja (lo del concepto de ser bruja o brujo creo que no lo tienen asumido aún, mujer, fea y con escoba…). Pero a lo tonto ya han celebrado su vigesimoprimera edición. No es aún del tamaño de la de Soportújar, en las Alpujarras, pero todo se andará. En defensa de Trasmoz, los Becquers se enamoraron de la brujez milenaria de ésta zona.
Alcalá de Moncayo: Buen castillo, desde lejos una ubicación espectacular. Una buena área completa y cerca las piscinas. Ahora daba tiritona, pero con los calores que dan por ahí, ganas de disfrutar de un sitio precioso. Y enfrente el Moncayo.
Los Fayos: Es como la más turística. Con su photocall coloreado. Las cuevas de la historia de Caco y Hércules (que también se ven en los relieves del Ayuntamiento de Tarazona). Un paredón vertical que le da personalidad a la ubicación.

Me imagino que para disfrutarlo mejor ir después de Semana Santa, donde los bares, restaurantes y museos estén disponibles.
ÁGREDA
No sé si es justo ponerla por separado. Pero es la segunda vez que estamos y las dos con un frío que pela y en épocas de servicios bajo mínimos. Pero creo que gana en belleza al verla entre brumas. Vamos, que nos gusta.
Tiene muchas cosas que ver, pero pasear por el Palacio de los Castejón, ver la labor ingente de las huertas árabes, ver donde y como crecen los cardos rojos, ver las puertas de herradura califales y posteriores, ver el río soterrado y la plaza y seguir viendo sin pausa ya son suficientes para repetir.

Tiene un área en medio de una Alameda muy agradable y tranquila.
Y con calma, los de Turismo te aconsejan tres rutas de las que nos gustan. Pequeños poblados donde no ha llegado el siglo XIX.
Nosotros aprovechamos para visitar Borja y Bureta.
ZARAGOZA
Cómo el área está lejos, pero al lado del tranvía, cogimos muchos billetes . Sabíamos que iba a ser una visita larga.
Hemos estado cuatro noches, lo que no es habitual en nosotros. Igual necesitábamos un poco de compañía, bares abiertos, ruidos, después de tanto silencio y paz.
En las ciudades grandes no suelo comentar los sitios donde vamos, pero voy a hacer una pequeña excepción.
Museo Pablo Gargallo: No somos forofos de la escultura y desconocíamos su existencia. Pero nos ha cautivado. Hemos estado dos tardes enteras y casi nos quedaron ganas de repetir una tercera.

Palacio de la Aljafería: Para enamorados de la cultura árabe que casi perdimos con la llamada Reconquista, un placer de visita.
CaixaForum: Tuvimos la suerte de ver El siglo del Retrato y Comic, Sueño e Historia y en este último pude revivir muchos de los comics que leía de pequeño.
Museos Ruta Caesaraugusta: Los cuatro, para un friki de los Romanos como yo, visita obligada.
Ibercaja Patio de la Infanta: Puedes pasar horas viéndolo. De lo mejorcito en mucho tiempo.

Museo Goya: No podía ser que nos fuéramos sin verlo. Espectacular.
Depósitos Pignatelli: Tuvimos la suerte de una exposición temporal sobre los gigantes y cabezudos de la comparsa 64 muy entrañable para los zaragozanos.

Con tantos días , manda narices, que apenas visitamos bares. Nos gustó El Tablón, al que entramos parar ir al váter antes de entrar en la filmoteca que está cerca. Y por casualidad, el primer día que fuimos era jueves y su especialidad, ese día, era y es la cabeza de ternasco. No la había comido nunca así que pregunté, a los paisanos de al lado que iban por la sexta cabeza entre cuatro, como comerla. Básicamente, usar la mano y los dientes y no dejar nada. Y hablando de dientes, no se me quita de la cabeza que chupando, me llevé algo de verdura de la que pastaba el ternasco y que se le había quedado entre diente y diente. Mi línea roja fueron los ojos. No pude con ellos ni con los míos cerrados.
Por la zona, está el pincho llamado Guardia Civil, picante o no. En el Lince. Y otro dos bares que nos quedaron pendientes La Republicana y la Flor de la Sierra.
Y patear, patear y patear. Muy a gusto.
CINCO VILLAS
Antes de subir hacia las Cinco Villas, fuimos a Belchite. Lo que nos enamoró del lugar, si se puede utilizar esta palabra en un contexto tan triste de recuerdo de la guerra civil, fue gracias a la guía, que era del lugar y que a cada sitio lo personalizaba «mi abuela, la tienda que ahora está, la casa de…» Es como si lo vieras de verdad.

Cuando nos contó que en la casa de la rica, estaban los falangistas y en la plaza cercana seiscientos amotinados y que intentaron salir por una callejuela o en otro lugar cómo la brigada internacional entró por el ábside, resulta casi imposible visualizar tanta gente matándose de cerca en tan poco espacio.
Me sigue siendo difícil de imaginar.
No fue más que una visita corta, pero estuvimos en Sádaba, Tauste, Sos del Rey Católico y Uncastillo.
Nos sorprendió, y mucho, Uncastillo y las ruinas romanas cercanas de Bañales Claudia, sobre todo por los restos del acueducto, uno de los pocos que tenía la estructura superior de madera y que quedan en pie.

De Sos no podemos decir nada bonito, ya que al igual que es espectacular, siempre lo hemos visto muerto.
Y fin.
Ya tocaba un poco de chimenea en Tolosa que se acercaban los Inauteriak.
Y a esa cita no faltamos nunca.
Y tocamos madera que dure y duremos.
