Sur de Marruecos: 11 días viviendo en adobe.

Parece mentira la facilidad con la que, en un plis plas, puedes dar un salto al pasado. Las imágenes con las que vamos a convivir en estos días las hemos podido leer en cualquiera de las novelas históricas que estén relacionadas con la Edad Media o posterior en el entorno Oriental. No conocemos muchos países ribereños del Mediterráneo, pero ni en Egipto ni en Turquía hemos tenido esa sensación tan presente.

Tanto la vestimenta, las casas de adobe, los burros como transporte o en la zona del desierto, los dromedarios (estos solo turísticos), la abundancia de pastores de menguados rebaños, los niños cabreros y honderos, las vamos a ver continuamente en estos pequeños pueblos del sur,

Las mujeres permanentemente haciendo algo. Recogiendo rastrojos, ramas o extrayendo hierba costosamente entre piedras. Llevando los niños a la espalda cuando la carga de hierba se lo permite, siempre en un ángulo recto con el suelo y casi nunca cerca de sus casas. O limpiando la ropa en las acequias del agua y colocando la ropa a secar en el suelo o en los arbustos.

Los hombres, indolentes y en grupos en los cafetos, a la vera de los árboles o en los sitios más inimaginables, con el whisky marroquí (te verde azucarado y mentolado) o sencillamente mirando a la nada. Y muchas veces, en esa dura posición de cuclillas, tan difícil para nosotros.

En las ferreterías nos ha sorprendido que aún predominan los sistemas para cocinar, mayoritariamente de hojalata donde colocar los rescoldos junto a los de de barro ( que nosotros los compramos como adorno) o para los más modernos los fuegos de tipo camping gaz. NO hemos visto inducción ni vitrocerámica….

Las lavadoras de juguete con doble entrada, que no supimos entender.

Las microtiendas, donde como pequeños colmados puedes encontrar productos impensables y tremendamente naturales como unte para jabón de manos o piedras para champú de cabeza o fibras de olmo para limpiar los dientes y un largo etc combinados con los productos que conocemos más en nuestros supers, pero vendido a medidas. Tabletas de chocolate que se venden por onzas, bolsas de bizcochitos a la unidad, jabón al peso…

El pan omnipresente y junto al pan los diferentes tipos de pastas y dulces.

Puestos de pescaderías (menos) y carnicerías más, donde poco a poco hemos visto ciertas mejoras de higiene(los pollos están envueltos en plástico y no necesariamente se matan en presencia tuya (antes impensable). Y en cualquiera de los casos con necesidad de estómago para pensar en comprar algo ( y nosotros hemos comido bazo, pinchos de carne, carne picada y pescado, con lo que ya lo tenemos bastante curtido).

Y por supuesto, la seña de identidad oriental , los zocos, presentes en la mayor parte de los destinos pintorescos: Marrakech, Taroudant, Rissani.. . Pero infinidad de otros, como Tinerhir, Zagora, Nekob, Teluet… en los que hemos tenido la suerte de coincidir los días de la semana en los que se hace el mercado y que, aún si cabe, sorprenden más a los usos occidentales.

Salvo Marrakech, que es otro mundo diferente, en estos mercados hemos estado, casi en exclusiva como únicos guiris.

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