Castilla-León: Palencia. De Castrojeriz a Moratinos

Y otra vez solo

Viajar solo y chapurrear el inglés son un pasaporte a hablar con la gente. Más en estas fechas donde cuesta encontrar españoles.

No se si tiene algo que ver pero en dos etapas donde me he visto obligado a privados, haberlos haylos.

Cambia todo, el ritmo, las paradas e incluso la comida.

Hago jornadas de algo más de treinta kilómetros, por lo que casi sin parar, necesito ocho horas y si paro algo acabo sobre las tres cuatro de la tarde con lo que pillo la solana fuerte.

Más hidratación y prefiero consumir las barritas y bizcochos que he estado paseando estos once días.

Un vino en las etapas aburridas y apurar mucho por la mañana. A esas horas solo saludo. A los pocos, que más allá de la una, siguen andando, son tan desesperados como yo y quieren/queremos hablar, para salir del aburrimiento de estas etapas palentinas.

Y en esas estamos.

Ahora el objetivo es hacer lo que resta de camino antes de finalizar la primera semana de junio.

No parece que vaya a ser un problema, si respetan las contracturas.

Etapa decimosegunda: Castrojeriz Villalcazar de Sirga

La salida de Castrojeriz es espectacular, ya que hay que subir al páramo y se hace en poco tiempo y buena pendiente. Pero entre jadeo y jadeo, cuando miras atrás la vista del valle, del castillo y del pueblo es espléndida, con el sol saliendo por detràs.

Muy poético sino fuera por la cuesta.

Por contra cuando llegas y miras al otro lado, señor que bajón.

Se intuye lo que es el pàramo.

Poco después hay un momento dulce. Justo cuando llegas al Pisuerga en Puente Fitero.

Hay un albergue, en un edificio medieval, que lo regentan los italianos. De donativo y con cena comunitaria con pasta italiana de verdad, como me explicó una lituana.

Para otro año.

En poco tiempo estás delante del rollo de la justicia de Boadilla del Camino. Parada obligatoria en el albergue En el Camino. Le tenemos mucho cariño al nervios del responsable y la buena mano de la cocinera con los cocidos.

Un poco más de trigo y llegamos al canal de Castilla, espectacular y con sombra.

Un poco más y las esclusas, ya sin uso.

Y un poco más y la joya románica de San Martín de Fromista.

Ahí se acaban las concesiones a la vista.

Población de Campos, Revenga y Villarmentero no tienen desperdicio.

Son hitos en rectas horribles y sin compasión, para llegar a pueblos donde por no llegar ni ha llegado el boom del camino.

Un mucho más allá, que se hace agónico está Villalcazar de Sirga. Conocido por el Mesón de asados y quizás tambien por la iglesia gigantesca y preciosa de Santa María la Blanca.

El albergue municipal lo gestionan los de la Orden de Malta. Al igual que en Cizur.

Un encanto de gente. Y un albergue modesto pero completo y una cocina sobrada.

Después de treintaisiete kilómetros me ha parecido gloria bendita.

La tienda de alimentación abre de seis a siete, en temporada alta.

Son fiestas mayores del pueblo, pero por suerte lo grande empieza mañana

Lo pasamos bien con los Hospitaleros y la gente. Un día completo.

Hoy me ha salido una miniampolla. Espero que no moleste.

Etapa decimotercera: Villalcazar de Sirga Moratinos

No tiene remedio. Hay que hacerlo. Amaneciendo llegamos a Carrión de los Condes. Los monumentos salvan la ciudad. Santa María , Santiago y San Zoilo son palabras mayores.

Luego hay un vacío en el mapa de diecisiete kilómetros hasta Calzadilla de la Cueza. Diecisiete kilómetros de dolor.

Lo único que lo alegra es la romería de peregrinos. Somos como hormigas, ahora que no hay sitio donde parar o esconderse, aparecemos todos.

Calzadilla de la Cueza, que no merece nombre tan largo, es un oasis y no es nada.

Peor aún Lédigos o la inexistente Terradillos de los Templarios.

Sitios donde no hay municipales, la gente llama y se acaban las plazas.

Por no pasarme de los treintaisiete elijo un mal menor que es Moratinos.

En todos estos pueblos no cunden los albergues públicos, con lo que todos son restaurantes con literas.

Olvidable.

Pero San Bruno está regentado por Italianos. Nos anuncian una cena italiana.

El sitio está bien, zonas verdes para estar tumbado, literas razonables más de lo esperado.

La cena muy floja, con lo que un día perfecto se convierte en mediocre.

Menos mal que dos castellonenses y dos de Ermua, animan el cotarro y empezamos a conocernos.

Ya veremos lo que cunde.

Mañana entramos en Sahagún y ya en León.

Momento Axe

Después de la sorpresa de haber hablado con las creadoras de abrigos de los árboles, que últimamente hemos visto en bastantes sitios, pero que se hacía difícil de imaginar en Moratinos, y después de enseñarles nuestro blog y ver el Bosque encantado del valle de Caderechas llegó el momento Axe.
Imaginaros una zona de solarium con tumbonas. Una pareja, no de peregrinos, disfrutando del fin de semana. Ella espectacular, objeto de miradas o no saber dónde mirar.

Entre medio un sitio para refrescar los pies, con agua fría.

Grupo de peregrinos, sobre todo mozas ubicándose en la zona. Y de pronto aparece él.

Rubén

Un alemán de los de Leni Riefenstahl.

Ve el estanquillo y según deja la mochila , se quita las botas y calcetines y se mete en el agua.

En un momento se quita la camiseta y aparecen las tabletas de chocolate y los pectorales de nadador.

Silencio.

Los demás inexistentes.

Le digo que se va a quemar, me dice que se le ha acabado la crema de sol y no desaprovecho la opción.

Le traigo la crema y mientras se da la crema aún en el agua, no deja de sorprenderme que habiendo hecho yo lo mismo no se consiguiera ese silencio.

Algo tengo que hacérmelo mirar.

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