En La Rioja llegó la espiritualidad. De Viana a Tosantos.

La Rioja y sus viñas.

No pretendo ser muy original hablando de las viñas en Logroño. Pero, cuando vas andando te das cuenta de su inmensidad. El recorrido del camino por La Rioja está claramente diferenciado en una primera parte con, casi monocultivo del vino y que no volveremos a sentirlo hasta el Bierzo, y otra que ya anuncia lo que nos espera de esa Castilla de los mares de trigo.

Afortunadamente verdes, con lo que cambia la forma de ver esas próximas etapas, que sabemos serán duras para la cabeza, por mucho romanico que tengan.

Antes de Nájera y desde el alto de San Anton, donde antes habia un hospital, unico de los antonianos en la comunidad, se ve una de las vistas más bonitas de todo el camino.

Las viñas en un marco natural espléndido.

Las etapas

La Rioja se pasa en un plis plas.

Seguimos a nuestro ritmo pausado de veintidós kilómetros por día.

Viana es Navarra y Tosantos es Burgos y entremedio hemos hecho cuatro etapas.Los bichos de Ana después de las dos ángeles enfermeras, están ya calladitos.

La moral ha pasado de “cuando será el autobús de vuelta” a ” ya veremos dónde llegaremos”.

Al menos hemos podido celebrar los treinta en un marco peculiar que luego comentamos.

Etapa Quinta: Viana Navarrete

Etapa sin sobresaltos.

Un poco antes de Logroño,está el antiguo puesto de doña Felixa.

Cada vez estas cosas las veo más anacrónicas.

Su hija intenta seguir el rollo, pero no deja de ser mas que un vending emocional.

Logroño es una de las pocas capitales que, tanto la entrada como la salida es razonable e incluso bonita.

Nada que ver con las que nos esperan de Burgos o Leon, donde pongo a cualquiera de testigo, que no volveré a caminarlos y cogeré el autobús.

De camino a Navarrete vemos las primeras cruces en las alambradas.

A diferencia de octubre, en mi ultimo camino, hay bastantes puestos/chiringuitos con vocación de temporada.

Tenemos suerte y en la Bodega Basape, nos encontramos con un buen amigo de facultad.

Desesperado por dedicarse más a la bodega y sus vinos, que al modus vivendi. Compartimos vino y quedamos, como no, para picar algo.

El albergue municipal de Navarrete es tan antiguo como lo vimos hace quince años. Hospitalero voluntarista y un bar cercano, el Begoña con unos pinchos y raciones de categoría. Suficiente para las largas tardes de asueto.

Etapa sexta: Navarrete Azofra

Es curioso. Por una parte es la misma etapa que hicimos con los niños, pero de mutuo acuerdo no hemos querido parar en Nájera.

Con un poco de tiempo por medio, ahora quizás podemos verbalizar de forma más clara que la experiencia de Hospitaleros que tuvimos en Nájera no fue como la esperábamos.

El esfuerzo de un hotel de noventaidos plazas, con más de veintitres países y con solo cuatro personas, que se convirtieron en tres, es excesivo si no sabes dosificarte.

Y la tension entre los voluntaristas pero poco formados voluntarios, demasiado alta.

Sin entrar en que, el peregrino bastante tiene con lo suyo y no es muy receptivo a las normas en general.

De momento no repetiremos en bastante tiempo el ser hospitaleros.

Lo que si es divertido es ayudar en uno de los de cena comunitaria. Te lo agradecen los peregrinos, pero sobre todo los Hospitaleros.

Tras Nájera, subimos entre lluvia a Azofra para seguir asombrandonos de cómo el camino ha cambiado la economía de estas pequeñas localidades.

Una población con 200 habitantes y bajando y mucho en los últimos años, tiene plazas en el albergue municipal para más de cien peregrinos, sin contar con las plazas del otro albergue privado.

El pequeño, decrépito y único albergue donde estuvimos hace quince años, pasó a mejor vida, pero sigue en pie, recordándonos lo pequeño que era.

Eso sí la tienda con el vino y el salchichón y chorizo sigue gestionado por la misma familia.

Y hemos dado buena cuenta de ellos.

Etapa séptima: Azofra Grañón

Etapa sin más aliciente que pasar por Santo Domingo, donde además son las fiestas grandes del Santo.

Vimos algo de la misa, pero optamos por seguir camino hacia Grañón.

El motivo de perder la oportunidad de las fiestas fue el llegar al albergue de San Juan de Grañon, donde nos decían se mantiene esa espiritualidad cristiana propia del Camino.

No puedo negar que iba más con la mirada de entomólogo para ver este microcosmos, pero al final creo que se han cambiado los papeles y acabamos formando parte de él.

El local está anexo a la iglesia, y desde alguno de los recovecos se puede ver la estructura de cubierta de las arquerías.

Esta en tres alturas, con colchonetas para dormir. Calefacción inexistente, con una estufa de las de colegio de los sesenta

La cena es comunitaria y se prepara entre voluntarios. Todo es reparto de tareas, cena, limpieza de platos y al meollo.

Pasamos al coro de la iglesia, velitas y luz para poder leer en diferentes idiomas el himno, la oración y el salmo.

Y como colofón , apagado de las luces y con las velas y un candil , a pasárnoslo y desnudarnos con alguna opinión. Gente emocionada, llorando. Todo a flor de piel.

Buena escenografía, para un final feliz abrazandonos como nuevos amigos del camino.

Es curioso y diferente. Me recuerda algunas sesiones de Unilever donde por algo en los genes, los españoles lo veíamos un poco del revés.

No hace daño y hace que saludes más sonriente en las siguientes ocasiones.

La verdad es que Sergio y Lorenzo y una no Hospitalera, pero que ejercía de ella nos han dado una visión divertida y agradable.

El sitio se prestaba ya que la rara estructura permitía vernos casi todos y sentirnos en casa.

En mi caso la barra libre de vino me ayudó a ver las cosas de forma más dulce.

En el camino norte, Ana y yo tuvimos la primera experiencia en este tipo de albergues.

El primero en Güemes donde un cura obrero quiso hacer su Arcadia y ahora parecía un viejo gruñón.

El segundo me tocó a mí solo. Y fue en Bodenaya. Un antiguo unileveriano que optó por ser Hospitalero. Lo que me gustó de la experiencia es que era más sincretista.

Todas ellas buscan una cierta diferenciación de los albergues normales.

Sin llegarte al corazón te dan momentos agradables.

Etapa octava: De Grañón Tosantos

Es una etapa claramente inmersa en la Castilla verde. Llanuras amplias, pequeños pueblos y eso sí, con albergues, pero sin servicios.

En Redecilla íbamos a ver una pila bautismal románica, pero está en las Edades del Hombre de este año en Aguilar de Campoo y que estaremos, como todos lo años.

En Viloria, es la cuna de Santo Domingo, pero andan quejosos de estar en ruinas por falta de dinero.

Belorado se nos presenta con feria de ropa. Intentamos sellar en lo que consideramos nuestro albergue por ser el que fuimos con los niños.Desde hace mucho tiempo ese albergue está bajo los Hospitaleros suizos. Y normalmente son un extremos de gentileza. Pues nos han tocado los secos.

Bocata y a seguir.

Tosantos es una nada en el camino.

Pero tiene otro de los albergues denominados con personalidad, y siendo nuestro aniversario por alguna extraña razon repetimos.

De entrada el ambiente es más deprimente. La cocina no es accesible salvo petición a los Hospitaleros, ni tampoco se puede acceder a las reservas de vino. Que son inexistentes. Así que a esperar la cena que empieza a prepararse a las 18.30.

A diferencia de Grañón el sitio no permite vernos, con lo que optamos por irnos a un albergue cercano muy agradable.

La cena es espartana y con agua.

El acto religioso es más kich. En un cuarto puesto en plan capilla haré krishna. Nos juntamos y en diferentes idiomas hacemos lo mismo que en Grañón. La diferencia es que en vez de desnudarnos, leemos las desnudeces que otros han escrito. Y que van a ser leídas durante veinte días como plegarias a Santiago.

El que la ducha sea con agua fría, las colchonetas finas y el concepto calor inexistente, nos llevan a pensar que ya tenenos por bastante tiempo.

El día día del peregrino

Los que no han estado, se imaginan un continuo andar.

Pues muy lejos de eso es la realidad.

A las cinco, o las seis empiezan los ruidos, y normalmente a las seis se permiten luces. Picar algo en la cocina, o en los bares cercanos y empezar a andar.

Si eres de los de 22 km, curiosamentr muchos más que los de cualquier otra distancia, acabas entre las doce o la una. Si vas a municipal, comprar, preparar y comer algo, siesta o descanso y una larga tarde de no hacer nada hasta la cena, sobre las 19.30 para que después te de tiempo a tomar un café antes de las 10 hora de apagado de luces.

Algunos leemos, escribimos en el blog o conversamos con los ocasionales compañeros, siempre que manejes el inglés.

Y según el sitio, te das una vuelta a ver la iglesia o monumento de turno.

Normalmente la misa de peregrinos es a las 20, con lo que te parte la sobremesa de la cena !si es que vas!.

Acabas con una sensación de tiempo perdido.

Los que van a privados, normalmente no tienen cocina disponible y están a media pensión y al ser mesas corridas se facilita la relación entre la gente.

Por ejemplo los del grupo de al lado dedicarán la tarde a echarse los tejos y hablar entre cerveza y cerveza.

Otra forma de pasar la tarde.

En Tosantos estamos ta en Castilla y León. El tramo más largo con diferencia.

Ese tramo que muchos se saltan por la sequedad, por las llanuras, por ser demasiado camino interior.

Aún estando de acuerdo, es una parte indispensable para entender el Camino. Es donde más te sientes solo. Voluntaria o involuntariamente.

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