Olemos a Santo y algo más.De Villafranca del Bierzo a A Pena.

La entrada a la Galicia rural de la Ribera Sacra lucense

Lo que antes era una carretera peligrosa, la autovía y sus grandes puentes han dejado en el olvido la salida de León a través de uno de sus puertos emblemáticos, el de Petraficha, y que los peregrinos lo visualizamos en el ultimo monte de verdad, en la población de Cebreiro.

De la salida del Bierzo se puede destacar la Vega del río Valcarce. Anclada en el pasado, las poblaciones a marchas forzadas están orientándose al turismo rural, con buenos alicientes de ruralidad, paseos de monte y mucha tranquilidad.

Cebreiro, la entrada a Galicia bien merece algún comentario.

Es difícil imaginar cómo ha sobrevivido está acumulación de pallozas de pizarra, reflejando lo duro del vivir no hace demasiado tiempo.

Ahora es un buen sitio para ver cómo vivían, entre recuerdos/souvenirs y oferta de restaurantes.

Pero basta con madrugar, ver el pueblo con su iglesia románica, sin el atrezo de carteles y expositores para verte sin querer en la edad media.

La bajada nos mete de lleno en esa Galicia rural donde las aldeas, casi sin nombre pasan una detrás de otra.

Hay unos bichos que nos van marcando el camino, casi con la misma fiabilidad que la flecha amarilla.

En un cruce elige donde haya más mierda y acertaràs.

Puede que no sea el reino de las vacas, pero es un principado importante.

Las propias aldeas son establos grandes y capillas pequeñas ( ahí no entran).

Todo esta dedicado a ellas.

Etapa vigésima: Villafranca del Bierzo Cebreiro

El recorrido se hace por la carretera y en cada pueblo te desvían para que lo veas.

Viven de la castaña y de las nueces. Y hay una cooperativa, que parece potente con cerezas y otros productos.

Pereje, Trabadelo, La Portela, Ambasmestas, Vega y Ruitelan son pasos en una subida de poca pendiente pero continuada.

Las Herrerías es espectacular y dónde se ve mas claro la búsqueda del turismo de calidad y no solo de caminantes.

Aquí empieza la famosa subida.

Son ocho kilómetros, que se hacen en un par de horas a ritmo ágil. La primera pendiente hasta La Faba es la más dura.

Siempre he coincidido con vacas que suben o bajan. Son vacas con cuernos, por lo que por mucho que te digan que no pasa nada, pasan cuatrocientos kilos a tu lado mirándote directamente a los ojos.

La Faba es un momento dulce y después las siguientes cuestas son más abiertas y vas viendo todo el paisaje.

Foto en el hito donde marca Galicia y seguir, está vez bajo la lluvia hasta Cebreiro.

Por grande que sea el albergue de la Xunta, se llena. Así que estamos en la cola bastante tiempo y con cierta preocupación, pero entramos.

La politica de la Xunta es hacer albergues con las mejores cocinas, pero los platos, cazuelas, sartenes y cubiertos te los traes tú.

Incomprensible.

Así que en otro de los momentos seniles de ñoñería, como, meriendo y ceno, el menú del día en el Carolo, donde más menos después de unos vinos dije este Camino lo haremos.

O algo así.

Etapa Vigésimoprimera: Cebreiro Samos

Los grandes albergues de la Xunta se diferencian de los pequeños en que la habitación es más grande. En Cebreiro estaríamos unos cien durmiendo en el mismo sitio.

Son indescriptibles los olores, los ronquidos, los ruidos.

Y para los que digan, pues haber ido a otro…es tan emblemática está etapa que ya estaban todos cogidos. Y las habitaciones por turismo de fin de semana.

A precios imposibles de un caminante.

A partir de las cuatro empiezan las linternas, con lo que es el primer día en el que salgo antes de amanecer y con frontal.

Primera y última espero. Son las seis, y ya hay bastantes en el camino.

Amanece con el cielo azul y las nubes bajas. Poco tiempo. En cuanto bajamos un poco más, nos metemos en la nube y no la soltaremos hasta Tricastela.

Las aldeas aparecen entre brumas y la verdad es que resulta bonito.

Bajo con una india y un canadiense. Pareja joven que, después de conocerse en Londres han optado por casarse y buscar acomodo en Vancouver. Para ellos el camino era una especie de borrón y cuenta nueva. A él lo sacó al mercado la quiebra de la empresa. A ella despues de hacer un máster en gestión de ONG ha acabado en Accenture que tiene poco de ONG. Hay demasiada competencia en Londres para entrar en una ONG. El chico de forma irónica decía que se debía de vivir bien en las ong…

Es otro mundo. La profesionalización de las ONG por lo que me decía ella, en Londres es tan funcionarial que cuesta pensar que estamos hablando de ONG.

En el alto San Roque por primera vez entiendo a ese San Roque peleando por ver algo.

Tricastela es una especie de oasis entre tanta aldea.

Huele a pueblo grande y es una calle.

Pero además de lo típico de caminante, se ven restaurantes de lujo. La zona lo merece.

Vino y a seguir.

El camino a Samos empieza mal. Cuatro kilómetros de andadera junto a la carretera.

Pero en San Cristobo cambiamos de siglo.

En pocos metros nos metemos en aldeas que parecen abandonados y dónde aparecen abuelas en zuecos, gallinas y sorpresa, ovejas.

El cementerio está más concurrido que la inexistente plaza.

Paisajes desolados por algún incendio que deja árboles centenarios en sus cortezas.

Todo es surrealista.

Algo ayuda, ya que el recorrido es rompepiernas.

Se me hace largo. Son 31 kilómetros donde una parte grande ha sido una bajada continuada.

El efecto lo notaré mañana. La mierda de pie izquierdo con sus ampollas hace que fuerce más la derecha y acabaré sobrecargandome.

Me quito casi toda la protección y la doble piel funciona mejor.

Por fin la izquierda empieza a ir mejor.

Samos

La vez anterior por error me metí la paliza de ir a Sarria más de cuarenta kilómetros.

Esta vez tenía claro ir a Samos.

La Basilica es espectacular cuando la ves desde el camino.

Impresionan las dimensiones.

Su historia es esplendorosa pero queda poco de ella.

Eremitorio en el siglo VI , en el milcien empieza a ser un centro benedictino importante.

Siglos de esplendor, cluniacense, rico, respetado y protegido, incendios lo reformaron completamente y ahora es un conjunto básicamente neoclásico.

Solo quedan cuatro monjes en más de once mil metros cuadrados de edificio.

Es curioso que hubo un momento reciente importante en la vida de este monasterio.

Uno de los abades, de Ferrol y amigo del caudillo. Esta palabra tan odiosa aparece en alguna de las lápidas conmemorativas, la dice varias veces el monje y en una colección de fotos aparecen todos los ministros del franquismo, el caudillo y curiosamente los pretendientes carlistas al trono.

Todo chirría.

Estos benedictinos parece que añoran cuando tenían el brazo protector del regimen.

Pero antes de la visita al monasterio, tuvimos la sesión del día.

Había cogido un albergue privado por tener cocina. Me fui al parroquial que está en el propio monasterio. A sellar la credencial y hablar con el Hospitalero.

Me encuentro con que una india grande se había resbalado, dado un golpe en la cabeza y estaba desorientada. Y de pronto era el único que podía hacer de intermediación cuando llegó la ambulancia. Fuimos a Sarria, le revisaron y reposo de varios días y tuvimos suerte y la ambulancia nos devolvió a Samos.

Era el momento buen samaritano.

Etapa Vigésimosegunda: Samos A Pena

Cuando hicimos el recorrido con los niños, el recorrido desde Samos hasta Sarria era pura carretera.

Ahora lo han desviado y es puro rural y rompepiernas.

Por la mañana exultante. Ya no noto el dolor de la izquierda. Pero la derecha empieza a molestar.

Pero no sé nota hasta la salida de Sarria.

Para mi desgracia, la procesión de domingueros está fuerte y me pasan hasta las de los tacones.

Estoicismo y a mirar wikipedia. Sobrecarga en la espinilla. Solo se resuelve bajando el ritmo.

Así que reorientar las etapas. Son pocas.

No solo huele a Santo, sino que ya empiezo a plantearme cuando volver a Bilbo.

Hoy relajo en Casa do Rego. El primero que reserva Ana. Sesiones de hielo en la pierna y día de relajo.

Ya veremos.

Pero queda poco.

Justo delante de donde duermo está el indicador de cien kilómetros.

Como si hay que hacerlos a la pata coja.

Casa do Rego

No me resisto a chascarrillear.

Ella filipina, el balear.

Se enamoran en un flechazo.

Hacen el camino y de pronto deciden vivir en, del y para el camino.

Compran una casa la van habilitando y convirtiendo en el sitio de lujo tranquilo y bonito que es ahora.

Y la guinda.

Uno de los peregrinos se dejó una de estas vírgenes botilleros de agua bendita de Fátima.

No apareció y la dejaron en un pequeño atril.

Al poco, la Xunta recalculó kilómetros y puso el kilómetro cien justo delante de su casa.

Ahora esperan que la administración les dejé abrir una heladería de cara al kilómetro cien.

Ya sea cupido, el camino o la virgen, hay que reconocer que no les va mal.

Colorín colorado la siguiente en Santiago.

2 comentarios sobre “Olemos a Santo y algo más.De Villafranca del Bierzo a A Pena.

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