De la Alcarria a Guadalajara

un viaje literario

Érase una vez un cuento donde unos padres con dos niños muy pequeños, y sin piedad con ellos, se metieron a repetir el recorrido del libro de Camilo José Cela: Viaje a la Alcarria.

En aquel entonces no había internet accesible, los móviles eran ladrillos y solo llamaban, airbnb ni estaba ni se le esperaba y todo pasaba por las páginas amarillas y aún había fondas y pensiones donde recalar y en ausencia de zonas peatonales, aparcabas en la propia plaza del pueblo.

Algunas cosas han cambiado demasiado pero otras, no tanto.

La miel y los cereales siguen siendo el sustento básico, los campos de lavanda y espliego, atraen al turismo de postal en julio, la central nuclear de trillo trajo algo de riqueza y habrá que ver cuanto dura. Y la industria no se ve.

Hay más casas rurales y tibios intentos de atraer más turismo y poner en valor la zona.

Pero sigue siendo una zona muy Celadependiente.

Los carteles nos van indicando por todos los sitios donde pasó, hospedó, echó una siesta o se pedorreó. Cualquier cosa de ellas las escribió en su recorrido por esta zona en los años duros de la posguerra, allá por el 1946. Recorrido que le llevó nueve días ya sea andando, en autobús , en carro o incluso en coche.

En aquel cuento, nuestro recorrido fué intenso:

Guadalajara, Torija, Brihuega, Cifuentes, Gárgoles de Abajo, Trillo, Chillarón del Rey, Durón, Budia, Córcoles, Sacedón, Tendilla, Pastrana y Zorita de los Canes.

Y en negrita, más relajados y sin niños, lo que hemos visto en éste último viaje.

Si puedes elegir, merece la pena pasar por Torija para visitar el castillo museo del libro Viaje a la Alcarria y que, además, funciona también como Turismo para una información detallada de varias rutas por la provincia de Guadalajara:

Ruta de la Arquitectura Negra, del Señorío de Molina, del Alto Tajo, de las Serranías, y de La Campiña.

Es una forma muy razonable de visitar Guadalajara, que siempre sorprende más de lo que nos imaginamos.

Nosotros hemos visitado en otros viajes casi todos los sitios relevantes tipo Sigüenza, Atienza, Molina y los pueblos importantes de La Alcarria y su capital. Y queríamos hacer los pueblos del románico rural de las serranías y los micropueblos de la Arquitectura Negra. Pero las heladas no nos dejaron.

Otra vez será, cuando con mejor tiempo, salgamos del confinamiento y podamos empezar a viajar.

nuestra ruta

Como animales de costumbres, intentamos bajar por los viñedos desde Haro hasta Logroño y por la zona de Cameros hasta Soria. Si salimos un poco tarde desde Portugalete, nos gusta pararnos en la capital. Cerca de la Alameda hemos encontrado buenos sitios para parar la AC en aparcamiento Ota. Algún torrezno, unos vinos por la zona y una sesión de calefacción a tope en la AC (en Soria el frío es muy frío) te dejan como nuevo para la mañana siguiente.

Del puro centro de Soria capital

Tuvimos la suerte de ver la exposición de humor en la transición, con dibujos de Forges, El Roto, Gallego&Rey…..

De camino paramos en la Abadía Cisterciense de Santa Maria de Huerta .

Su et labora son las mermeladas (más de treinta variedades). Y su ora lo hacen en la iglesia que es tan austera como corresponde a una cisterciense.

Pero son espectaculares su refectorio y sus cocinas.

Escalera del refectorio para el lector, mientras los demás comen en silencio.

Y de ahí entramos en la provincia de Guadalajara.

cifuentes

Al poco de la carretera tuvimos que optar o hacia Brihuega o hacia Cifuentes. Del primer viaje hemos conservado un buen recuerdo de una fonda, que parecía sacada de un libro de época, y de un bar, ambos en la plaza mayor, donde cenamos, bajo la iglesia del Salvador, con su portada románica de Santiago.

Parecía un plan perfecto para la tarde noche. Error. todo cerrado.

Portal de Santiago en Cifuentes

A la mañana pudimos estar en un supermercado (Alimentación J del Monte), que de tan raro por estos lares, nos lo comentaron en varios otros pueblos. Es la atracción de la zona y hay que reconocer que tiene una gran variedad de productos. Caímos con alguna morcilla. Pero la tentación para coger más cosas estaba en muchos más sitios.

Por la mañana mucho movimiento, y apreciamos mejor el castillo y el rollo de los Tobares. Se puede ver el manantial donde nace el Cifuentes, de vida corta pero caudalosa, que muere en el pueblo de Trillo en el río Tajo y que nos acompañará por el camino.

Limpieza de los monumentos en Cifuentes

trillo

De camino a Trillo merece la pena la parada en Gárgoles de Abajo para ver las bodegas excavadas en las colinas. Esta vez las hemos visto bastantes abandonadas. Me imagino que florecerán en verano.

La foto típica de Trillo, son las cascadas del Cifuentes un poco antes de llegar al Tajo.

Ahora las dos chimeneas de refrigeración de la nuclear de Trillo rivalizan en la atención del visitante.

Hay dos museos y un buen retablo en la iglesia de la Asunción, pero estaban cerrados.

Una buena oficina de turismo.

Y a poca distancia un balneario, pomposamente denominado de Carlos III, que dicen que ahora está completamente modernizado y restaurado. El paraje está a la vera del Tajo y escondido de la carretera.

camino a pastrana

Enseguida dejamos de lado el desvío a Durón y sobre todo Budia de la que teníamos buen recuerdo gracias a su plaza y soportales y sobre todo a un restaurante donde comimos a gusto en su momento (El Rincón de Budia).

Pareja merece un visita relajada y un poquito de buen tiempo. Ubicación, plaza mayor, Palacio de los Obispos . Mirador al Azud , que es un embalse pero manteniendo la denominación árabe y cuya función es, y era, suministrar agua a las acequias, pero que ahora, adicionalmente, se usa para actividades acuáticas.

A partir de aquí y siguiendo el embalse de Entrepeñas, pasamos por las variadas urbanizaciones que surgieron a su amparo. Entramos en Las Anclas y nos sorprendió, ya que pensábamos que estaba abandonada, pero no. Los tres edificios horrorosos tipo apartamentos y muchos de los chalets estaban en uso. Todo muy cuidado y bastantes operarios trabajando en los jardines y setos.

Mucho cartel de Se vende, pero eso ha sido una constante en casi todos los pueblos de ésta zona.

Sacedón está orientada a los embalses y a dar servicio. No nos tentó. Además teniamos bastante claro que queríamos llegar a Pastrana.

Sin feria, Pastrana ya merece la visita. Pero la inauguración de la trigésima novena Feria de Apicultura era un aliciente adicional. Todo un acontecimiento en una de las provincias señeras en la producción de miel. Y que,como la mayor parte del sector primario, andaban soliviantados sacando los tractores y en su caso los panales a la calle.

Pastrana es una perita en dulce que se muere de éxito cuando los madrileños salen a bostezar un fin de semana. Los precios están al nivel de la milla de oro en Serrano, pero en un entorno de Villarriba de Abajo.

Pero por el tiempo o las fechas, pudimos disfrutar de ese Pastrana previo a la masificación.

La gente que vimos por la noche era, sobre todo, la de los de los puestos que se habían colocado en la feria en la plaza importante, la de la Hora.

El nombre se debe a que cuando la “pobre” princesa de Eboli estuvo aquí recluida, salía una hora a un balcón enrejado, y los paisanos le llamaron la plaza de la Hora.

Al día siguiente de nuestra llegada, ya se veían algunos visitantes de la feria. No muchos, no era fin de semana y aún cuando ya había ruido con el “virus de la corona”, me imagino que se llenaría el sábado y domingo.

Se llama a Pastrana villa Ducal donde la Princesa (que raro, de la familia Mendoza) se casó con el privado del rey Ruy Gómez. Hay bastantes novelas sobre la relación de la princesa de Éboli con Felipe II y con Antonio Pérez, otro de los secretarios del rey después de la muerte de Ruy. Disculpad el inciso, pero si tenéis tiempo merece la pena leer al completo sus historias, ya que la realidad parece novela y hay tramas de corrupción muy modernas.

Decía Cela en su novela: “A la mañana siguiente cuando el viajero se asomó a la Plaza de la Hora y entró de verdad para su uso, en Pastrana, la primera sensación que tuvo fue la de encontrarse con una ciudad medieval, una gran ciudad medieval”.

El Palacio, la plaza del Deán con el convento de San Francisco, la colegiata (especialmente dotada en su época dorada con dos canónigos menos que la catedral primada de Toledo, lo que indica la dotación económica que tenía), la casa de la inquisición, la fuente de los cuatro caños, las calles en cuesta y así palacios y conventos.

Un placer de paseo.

Una visita imperdible, por su variedad, es el museo de Tapices, que narran las victorias del rey portugués Alfonso V ( el que se casó con su sobrina Juana, la llamada Beltraneja). Espectaculares. Y en dos plantas, dos estilos diferentes y a cada cual más bonito. Solo recordamos algo parecido, en la majestuosidad que se ve en los tapices de Angers relacionados con el Apocalipsis.

De paso se ve el Panteón de los Pastrana y algunos detalles de la Colegiata. Una buena visita.

La feria muy agradable. Aguantamos en la inauguración oficial de la Feria al presidente de la Comunidad, al presidente de la Diputación, al Alcalde, al presidente de los apicultores y al organizador para poder ver por dentro el palacio Ducal (al que el presidente Page dijo que quería reconvertir en una especie de Parador de Turismo…). Dentro de la carpa, mucha parte dedicada a las enfermedades y parásitos, a los materiales necesarios para renovar el parque de panales y ¡como no! mieles, pastas y dulces.

Salimos con miel de la DO Alcarria de espliego (solo puede ser romero, espliego o multifloral) y como a Ana le gustan las de sabores fuertes tipo brezo, tuvimos que coger de Guadalajara y no de la DO de la Alcarria. Había también mucha miel de Cuenca y entre otros productos, yo salí con las botas brillantes con cera de abeja que gentilmente nos ofrecieron en dos puestos.

A la cuarta vuelta (no era tan grande) y cuando ya nos saludaban los de los puestos (solo estábamos nosotros y los políticos y sus escoltas) y como no nos invitaban más, optamos por irnos.

A veces nos parecemos a nuestros jubilados.

Para las Ac hay un parking muy agradable, un poco alejado, pero con un camino peatonal muy agradable. Otras veces habíamos parado en el parking de San Francisco, pero estaba lleno de autoridades. Comimos ahí mismo.

Llamamos por teléfono y nos dijeron que Recópolis estaba cerrado. Forma parte de una fijación que tengo con el periodo visigodo tan brillante y poco conocido del siglo VI donde en la península teníamos a descendientes romanos, asentamientos bizantinos, suevos y visigodos, de esos de las listas de reyes, la de los chistes.

Dicen que Leovigildo fundó Vitoria en sus batallas contra los Vascones y aún cuando nada está aún muy claro, fue el inicio del fin del arrianismo en España, del inicio de la liturgia hispánica llamada también mozárabe posteriormente y que tantos quebradero de cabeza dió a los papas que querían cambiarla al rito romano muchos siglos después.

Y Recópolis fue una especie de regalo de padre a hijo, creando una ciudad palaciega completa. Unos de los pocos casos que se conoce de éste tipo de nueva edificación. Lo de Medina Azahara fue mucho más tarde.

Y en una época en la que lo normal era que el padre o el hijo se matasen entre ellos.

Junto al yacimiento, en Zorita de los Canes, están los restos de la alcazaba árabe y el pueblo cercano de Almonacid. Con todo ello se consigue una visita muy completa.

Pero faltando el gancho, optamos por dejarlo e ir a la capital.

Error.

De camino y si no estás de régimen, una parada a degustar los soportales, perdón, torreznos en Tendilla es imperdonable.

Horche con su plaza bien merece un café y orujo para bajar los torreznos de la parada anterior.

GUADALAJARA capital

Entre los siglos XIV y XV era difícil que nada importante pasara en la corte sin que algún Mendoza no estuviera cerca. Estos vitorianos pasaron de no ser nada a ser hacedores de reyes. Y como en cualquier juego de tronos (o quizás mejor Vikingos…) estaban a la que más calentara y cada vez con más poder y prebendas.

En su momento el palacio del Infantado (título dotado por los Reyes Católicos) era el centro neurálgico de ésta familia, insisto en lo de familia a la manera italiana.

Y sigue siendo un exceso de exuberancia. Es probablemente uno de los palacios mas bellos de toda España. Y merece la pena verlo. Por las fechas, nos hicieron puertas abiertas a las dependencias y a los museos que lo integran.

Por desgracia, lo que ves son las restauraciones que se hicieron después de muchos años de abandono y de su, casi, destrucción total por las fuerzas rebeldes en el Guerra Civil.

Su joya más llamativa es el patio de los leones, ya que de los artesonados mudéjares no quedó nada.

Nos perdimos la cripta de los Mendoza, paseamos para ver la Concatedral y la Iglesia de Santiago y del resto no encontramos nada que nos hiciera continuar. Los encantos los debe tener ocultos a la vista de los turistas.

un poquito mas de la provincia de guadalajara

Los viajes no siempre son los previstos.

Ya teníamos la información de la ruta de las Serranías y de la Arquitectura Negra. Y por carreteras muy rurales pasábamos de los ejemplos de arquitectura negra como Majaelrayo, Valverde de los Arroyos, Campillo de las Ranas y Tamajón al románico rural de Villacadima, Campisábalos y Albendiego. Y por otras carreteras rurales podíamos enfilar hacia Segovia.

Nos acercamos a la población puerta de éstas rutas, que es Cogolludo. Llegamos de noche y la plaza y el palacio ducal iluminado lo hacen espectacular. Palacio, que dicen, fué el primero plenamente renacentista de España, y en el que con su visita, se imagina la exageración que tuvo que ser en su momento. Las ruinas de las dependencias de servicio y los jardines de divertimento, te hacen imaginar las dimensiones.

Patio central y trozo de corredor recuperado

Una visita que merece la pena. Se hace conjuntamente con la Iglesia de Santa María en las cercanías de las ruinas del castillo.

Pero el tiempo en las alturas se enfrió, heladas y amenaza de nieves y con Kapu, más que respeto, le tengo miedo al hielo, más aún en carreteras donde dar la vuelta es misión imposible y donde cruzarte con una bicicleta ya te obliga a mirar que el retrovisor no le pegue.

Y lo haremos, pero será en otro viaje.

De camino a Segovia, paramos en el ejemplar de románico rural de Beleña de Sorbe.

Después de unos días a verduras, nos tomamos un cocido en el Stop en Cubillo de Uceda, una tasca competente. Siesta.

Y desde aquí nos fuimos al área de Segovia, visita a los lugares conocidos y al día siguiente a ver con nuestro hijo y su pareja, ambos monitores en Asprona de Valladolid, varios partidos de baloncesto y futbito en el Campeonato de Inclusión de Castilla y León.

Un placer de día.

La siguiente por las rutas de los cochinillos.

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